El capo de las drogas más poderoso en las últimas décadas, Joaquín Guzmán Loera, alias “El Chapo”, prácticamente no volverá a ver la luz del día, en especial cuando sea trasladado desde el Centro Correccional Metropolitano de Manhattan al penal de máxima seguridad conocido como el "Alcatraz de las Montañas", ubicado en el estado de Colorado, donde pasará cerca de 23 horas al día encerrado en una celda.
Así se conoció este miércoles tras la sentencia a cadena perpetua proferida por el juez Brian Corgan en la Corte Federal de Brooklyn en Nueva York, tras ser encontrado culpable por una decena de delitos relacionados con el tráfico de drogas.
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Cerca de 56 excolaboradores de Guzmán Loera testificaron en su contra durante los cerca de 11 meses que duró el juicio. El Chapo fue el líder del Cartel de Sinaloa, el grupo criminal con más redes internacionales y nacionales en el tráfico de drogas, lo que convirtió a su jefe en el objetivo número uno del Gobierno estadounidense y mexicano.
Guzmán formó dicho cartel a comienzos de los años 90, tras la captura de su antiguo jefe, Miguel Ángel Félix-Gallardo o "El Padrino”, cabeza del otrora cartel de Guadalajara. Sus métodos de tráfico de drogas se fueron refinando hasta dar con el transporte de drogas desde México a Estados Unidos a través de túneles, su marca personal.
Pero el hecho de que ya no vuelva a ser el señor de las drogas, no significa que la estructura que ayudó a crear con el Cártel de Sinaloa haya dejado de funcionar y mucho menos que hayan logrado incautarle los multimillonarios recursos financieros. Simplemente los jugadores cambiaron y ahora otros se disputan a fuego y sangre el flujo de sustancias ilícitas que continúa en diversas regiones del país norteamericano.
Para José Reveles, un veterano periodista que ha seguido los pasos de “El Chapo”, los cambios en la organización provienen de tres elementos que van desde disputas entre sus hijos con sus socios; la traición de su mano derecha, el capo Ismael Zambada, ‘El Mayo’ y los enfrentamientos con el Cartel Jalisco Nueva Generación, la organización que desde hace un tiempo ha empezado posicionarse en el lucrativo negocio.
“Entonces todo eso hace que el Cartel de Sinaloa esté en peligro de perder su hegemonía de 30 años; todavía tiene el poder, pero está en riesgo de dividirse o de que sea otro grupo el que se vuelva hegemónico… Un coctel bastante explosivo para el país”, dice el autor del libro “El Chapo, Entrega y traición”, publicado en 2014.
Según el especialista en temas de crimen organizado, el juicio fue más “mediático”, plagado de verdades, pero también de mentiras. “Los testigos decían lo que querían con tal de rebajar condena o tener ciertas libertades (en la cárcel). Ellos iban instruidos previamente por los agentes de la DEA, por las autoridades de la propia Corte. Creo que fue un juicio muy maquillado y no le resta verdad, muchas cosas fueron realidad”, afirma Reveles.
Reveles menciona las denuncias de corrupción entre el narco y el Gobierno mexicano, como los presuntos sobornos a los expresidentes mexicanos Enrique Peña Nieto y Felipe Calderón, enunciados tangencialmente durante el juicio, que seguramente podrían resultar en denuncias concretas en EEUU, sin embargo, opacados por la gran cantidad de evidencia contra El Chapo, que según la Fiscalía de EEUU, logró ingresar al país norteamericano 528.276 kilogramos de cocaína, 505 kilogramos de heroína y 423.000 de marihuana, enviados desde comienzos de los años 90 hasta la fecha de su captura.
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